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Columna – Tulierias y Alejandreses – Alejandro Carbonell

Tulierias y Alejandreses

¿Qué es ser agua?

Alejandro Carbonell

Bruce Lee dice que la mente debe ser como el agua: sin forma, sin cuerpo; cuando se pone en un vaso, el agua se convierte en el vaso, si se pone en una botella se convierte en la botella, si se pone en una jarra, se convierte en la jarra, el agua puede fluir o puede detenerse, hay que ser como el agua.

El principio del agua supongo que puede verse desde muchas perspectivas, siendo la más común el derecho y tendencia que tiene a fluir, sin embargo, también puede contenerse y sigue siendo agua, es por eso que hay que imitarla en su principio fundamental: sé lo que seas, pero sé.

Sartre, en “el muro” presenta cómo se deshace Pablo Ibbieta, poco a poco, hasta llegar a sentirse nada, en ese momento en el que nada importa es cuando toma decisiones. Estaba condenado a muerte, listo para ser ejecutado, cuando le preguntan por “Gris”, líder a quien sinceramente no tendría ganas de entregar, incluso cuando en una reflexión maravillosa llega a la conclusión de que, independientemente del nombre, lo que buscaban era un cuerpo para fusilar. La vida entonces pierde sentido, para él y para los demás, de igual manera el mundo se hundió en las cavilaciones de un casi muerto que tiembla de frío. ¿Se contuvo?, ¿fluyó? Fue, simplemente fue lo que ya no importaba ser.

Creo que con el agua sucede lo mismo y allí radica su grandeza, mientras los ríos son capaces de maravillar con su sonido, con las hipnóticas líneas que trazan en su cauce, son también poseedores de una furia que arrasa, que arrastra y destruye, cuando el río se engrandece, no le importa acabar con cualquier cosa que quiera cruzarse con él. Cuando el agua se contiene, también guarda fuerza, acumula las ganas de fluir hasta que encuentra el modo, se desborda el vaso con la última gota y nada vuelve a ser igual.

El poder transformador del agua limpia, pero hay limpiezas que duelen, que requieren de un proceso de renacimiento similar al del fénix: la destrucción antes de la reconstrucción. Y entonces se vuelve al vientre, al líquido amniótico y es por eso que se quiere ser agua, se regresa así a la vida protegida por una barrera maternal que no permite que pase nada. Al agua no le sucede nada, incluso cuando se arrojan piedras en el lago, éstas hacen ondas que se expanden y se apoderan del agua, la mueven dentro de su contención, resultado de este movimiento es que el agua engulle a la piedra, la vuelve parte de sí: aquello que me intervino, ahora es parte de mí.

Ser como el agua, al final, es tener la capacidad de hacerle caso a Bruce Lee, saber en qué momento hay que contenerse y cuándo hay que romper y fluir con tal de seguir adelanta hasta donde el destino sea tan grande, que fluir y contenerse sean lo mismo.

 

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